La debacle del Partido Acción Nacional (PAN) en Baja California Sur es la muestra del gran descontento social contra la administración del gobernador Carlos Mendoza Davis. Manifestación ciudadana que, además, se da a nivel de las alcaldías más relevantes electoralmente y más decepcionantes para el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena); ya que en La Paz, a pesar de la administración de Rubén Muñoz, ganó Milena Quiroga; y en Los Cabos, con todas las marrullerías y la traición de la alcaldesa Armida Castro, ganó Oscar Leggs. La militancia morenista está muy a disgusto con el desempeño de los alcaldes salientes, quienes resultaron ser una decepción para la Cuarta Transformación (4T), pero a pesar de ésto le dan un nuevo voto de confianza a los candidatos entrantes. Sin embargo, para Morena en Sudcalifornia no todo fue su voto duro, la gran mayoría de los sudcalifornianos ejercieron el voto de castigo contra el PAN.
Es evidente que la ciudadanía castigó al panismo por la promesa incumplida del “Mejor futuro”, pues hacer obras de infraestructura, remozar malecones, remodelar instalaciones deportivas públicas y construir estadios para privatizarlos no son acciones suficientes cuando la situación socioeconómica de los más desprotegidos no mejora. Lo anterior aunado a que los servicios básicos no son una realidad para las zonas marginales, a que el ejecutivo estatal veta acciones legislativas de beneficio para la población, a privatizaciones de predios —incluidas escuelas— en un claro desden por la educación sumado a los intentos de eliminar la Casa del Estudiante Sudcaliforniano en CdMx.
Los sudcalifornianos tienen muy presente que la administración de Mendoza Davis reprimió la protesta social en diversos conflictos; que privilegió a desarrollos inmobiliarios en detrimento de diversas poblaciones; y que en un acto de soberbia, desatendió los llamados federales para la estrategia de contención del Coronavirus, relajando la normatividad sanitaria con las consecuentes oleadas de decenas de miles de contagios que ya han cobrado miles de vidas, como en la recién pasada de enero y febrero. Y, por si fuera poco, en la recta final del sexenio aún intenta privatizar la bahía de La Paz, para ponerla al servicio de compañías navieras de mega-cruceros, privilegiando un turismo más ostentoso pero menos benéfico a la comunidad.
La de Mendoza fue una administración con pocos resultados en los hechos y mucha propaganda sobre lo poco logrado, con demasiados anuncios espectaculares y comerciales en radio y televisión sobre un “Mejor futuro” que no llegó a Sudcalifornia; pero, sobre todo, con un gasto millonario en publicidad durante la etapa más crítica de la pandemia, cuando las familias atravezaron los peores momentos de la dura crisis. Acciones indolentes que hablaban del “Mejor futuro” en mitad del hambre y del desconcierto. El “Mejor futuro” no llegó y eso lo constató el eslogan de la fallida campaña de Francisco Pelayo: “Unidos contigo Baja California Sur todo lo puede”, y es que, si como partido político prometes un “Mejor futuro” y seis años después te unes al Partido Revolucionario Institucional (PRI) —el más corrupto en la historia de México— para decir que ahora sí lo puedes todo, en ese momento aceptas que como organismo político fallaste y que no te quedó de otra que volver al pasado priísta para derrotar a un oponente político superior.
En Baja California Sur la alianza con el PRI es parte de lo que llevó a la debacle panista. Tanto insistir, durante años, en que Morena era el PRI, que en esta elección la alianza “Unidos Contigo” no les funcionó. Pero la debacle no sólo fue en Sudcalifornia, fue a nivel nacional, la alianza prianista no ganó ninguna gubernatura y apenas logró quitarle algunos escaños en la Cámara de Diputados a Morena. Sólo les funcionó para diezmar al partido del presidente en la Ciudad de México (CdMx), donde parecen haber funcionado las campañas del miedo con editoriales extranjeras, como aquella del falso mesías del “The Economist”, o la farsa de la dictadura obradorista, repetida hasta el cansancio por periodistas e intelectuales de filiación prianista, de esos pejefóbicos que aún abundan. Pero tampoco seamos inocentes, también en CdMx hubo voto de castigo para las malas administraciones morenistas y, como acá en Sudcalifornia, varios factores se combinaron, entre éstos la tragedia de la línea 12 del Metro. Lo que ratifica que los votantes ejercen cada vez más el voto de castigo, como sucedió en el Congreso de Tamaulipas donde Morena le arrebató el control a los blanquiazules.
El PAN estatal perdió a pesar de las encuestas favorables –si es que no fueron hechas a modo— y con un aparato propagandístico coordinado y a su servicio con programas radiofónicos, locales y nacionales, con locutores condescendientes y comentaristas poéticamente trasnochados que basaron su diatriva en conceptos de política de la Guerra Fría, sesudos análistas, que durante los meses de campaña repitieron la cantaleta del autoritarismo y la dictadura del falso mesías. El blanquiazul perdió a pesar de un gasto millonario de campaña en redes sociales. Fue derrotado a pesar de aplicar las clásicas marrullerías priístas del acarreo a mítines, de las tarjetas electrónicas con dinero a futuro, de las despensas y las dádivas en especie. El PAN se olvidó del “Mejor futuro” y abrazó el pasado priísta en una alianza utilitaria, pero sin proyecto social, hecha con la obsesión de vencer a Morena; y en esta ambición de mantener el poder a toda costa desdeñó al votante promedio, ese que perdió la inocencia en 2018 y ahora es más crítico y no se deja engañar tan fácil, ese nuevo sufragista que ya sabe que el voto de castigo también funciona. Los votantes comunes eventualmente haremos que los partidos se vuelvan realmente competitivos y que los políticos entiendan que son nuestros empleados y no “mirreyes”, farsantes políticos adictos al autobeneficio mediante los cargos públicos; y solamente los educaremos con el castigo electoral.
Para el PRI la alianza sólo logró dar un soplo de vida a políticos que habían muerto para la mayor parte de los sudcalifornianos. En el caso de Ricardo Barroso su candidatura al municipio de La Paz fue motivo para potenciar la victoria de Milena Quiroga, pues basta comparar ligeramente los perfiles y las trayectorias, para que, si no eres un militante partidista, te decantes por Milena en un segundo. Barroso ayudó a Morena, pues su sola presencia en la contienda hizo al electorado obviar la desastrosa administración de Rubén Muñoz y dar nuevamente el voto de confianza a Morena en la capital del estado.
Sin embargo, lo que le dio el tiro de gracia a la alianza prianista fue el resultado de dos asuntos: primero, las revelaciones periodísticas y algunas otras que hicieron Milena Quiroga y Víctor Castro en los últimos debates en relación a las concesiones de agua en las que están involucrados Francisco Pelayo y Ricardo Barroso, entre muchos otros prianistas de alcurnia; y segundo, el escándalo de los millones de pesos gastados por el Secretario de Finanzas panista en la agencia “Viajes Perla” de su esposa. Y es que no puedes ganar una elección en una tierra desértica cuando huachicoleas agua, y menos puedes combatir al partido que combate a la corrupción cuando la ejerces.
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