Están por completarse dos años del gobierno dirigido por nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador. El triunfo del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) fue contundente gracias a que la mayoría de los mexicanos que teníamos la capacidad civil y jurídica de tomar las riendas de la nación en nuestras manos así lo hicimos, respetando el mandato constitucional de ejercer la democracia. Morena y nuestros aliados logramos que una abrumadora mayoría de votos obtuviera una mayoría de escaños en el Congreso. Además, logramos ampliar el número de diputados de nuestro grupo parlamentario mediante el convencimiento de la relevancia de la Cuarta Transformación (4T) sobre algunos representantes electos emanados de las fuerzas políticas supositoras —más suponen que oponen—, como resultado hemos logrado ejercer el pluralismo político de la representación popular, para llevar adelante las grandes y profundas transformaciones que México requiere mediante un Poder Legislativo que vigila y en su caso respalda las propuestas del Poder Ejecutivo que lleva a cabo la transformación de nuestro país.
Por nuestra parte, los ciudadanos libres y consientes que pusimos a AMLO en la silla presidencial le hemos conferido el poder del gobierno, pero al servicio del pueblo. El presidente deberá seguir trabajando con los demás poderes del Estado y de las entidades federativas como hasta ahora lo ha hecho. De esta manera seguirá reforzado la administración pública y las instituciones de la nación, fortaleciendo así las capacidades de un gobierno que toma decisiones con las que la gran mayoría de la población estamos de acuerdo. Es verdad que la sociedad está polarizada en dos bandos: la abrumadora mayoría que apoyamos a la 4T y una minoría que se supone opositora y que se alarma por la limpia que se está haciendo en las instituciones públicas, como el Instituto Nacional Electoral (INE), que en versiones pasadas solapó varios fraudes electorales hasta que nuestro Movimiento de Renovación Nacional se lo hizo imposible. Es entendible que esa minoría reducida, diluida y sin rumbo, representada por personajes de cierta popularidad y con acceso a los medios de comunicación, haga públicas cartas y panfletos en contra de nuestro régimen, tienen todo el derecho a disentir y están ejerciendo la libertad de expresión por la que tanto hemos luchado. Para fortuna de ellos el gobierno de López Obrador ha mantenido una actitud de reconocimiento y rehabilitación de las instituciones autónomas en todos los ámbitos, incluido el científico y el cultural, y de un apoyo muy notable a los movimientos sociales que luchan por la igualdad así como a otras manifestaciones que buscan el bienestar de México.
El manejo de la pandemia por la Covid-19 se ha caracterizado por una férrea administración de la misma desde los organismos federales especializados, siempre buscando un acuerdo nacional para enfrentar la crisis sanitaria y reactivar la economía y así salvar la mayor cantidad de vidas posibles y preservar la mayoría de los empleos, pero desgraciadamente algunos gobiernos estatales y grupos de poder con intereses divergentes a los de la transformación del país no han entrado del todo al gran concierto nacional de la lucha contra el coronavirus y la crisis económica y, pero aún, han usado la desinformación, el alarmismo y el sectarismo para polarizar aún más a la sociedad con la intención de desestabilizar al país para obtener dividendos políticos en la gran elección de 2021; pues esa minoría supositora quiere volver al poder.
Pero si continuamos el camino que llevamos, a pesar de las minorías rapaces representadas por intelectuales orgánicos, periodistas chayoteros y escritores —algunos muy buenos— que viven una realidad alterna a la que hemos generado lograremos sostener los avances democráticos que nos consumieron años de lucha, a los mexicanos comprometidos socialmente, hasta que logramos salir del sistema autoritario que esos que hoy se suponen oposición mantenían y al que desesperadamente quieren regresar.
Millones de mexicanos pensamos que es imperativo mantener el rumbo preservando el pluralismo político y el equilibrio de los poderes que hoy sí caracterizan a nuestra democracia y aquí los supositores políticos tienen mucha relevancia y deberán dejar el “activismo” panfletario, los complots berlinescos, los llamados a la sedición y de traición a la patria; en suma dejar de ser suposición y convertirse en una verdadera oposición que sea capaz de derrotarnos en las urnas en 2021 y, sobre todo, en 2024 cuando mediante otro representante popular honesto y comprometido daremos continuidad a nuestro proyecto de nación.
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