¿Será que la predilección de los sacerdotes católicos por niños y adolescentes varones es debido a que su pecado criminal no los llevará a la procreación y de esa manera no habrá evidencias de su delito, al menos palpables a simple vista?, o tal vez sea que les urge a los representantes de Dios en la Tierra meter su pene en algún lado. Habría que contarles a los clérigos que existen anos y vaginas de plástico, y muñecos y muñecas inflables –y es que tampoco las niñas se salvan de esos depredadores sexuales– expresamente diseñados para satisfacer las necesidades y deseos más torcidos de los solitarios, aunque pueden optar por ejercicios grupales; y en el caso de los predicadores los artilugios plásticos podrían salvarlos del pecado nefando que cometen ante su Dios, aunque no sé si está religiosamente regulada la práctica sexual sustituta con réplicas de humanos o de sus cavidades más requeridas.
De cualquier manera, sea cual sea la motivación de los padrecitos para abusar sexualmente de acólitos y monaguillos, de huérfanos y adolescentes en internados, de menores en hospicios y de púberes del catequismo, cometen el acto sexual sin procreación y en la mayoría de los casos ejerciendo su homosexualidad, violando así “designios divinos”. Pecado nefando sin duda, pues la apetencia y la transgresión del trasero entre hombres, clérigos o no, es considerada por la Iglesia como sodomía, el pecado carnal más lacerante ante los ojos de Dios, ya que andar penetrando cavidades en las que se desperdiciará el semen es atentar contra natura; y aunque lo hicieran por placer –y de eso debe haber mucho de cierto, pues las pulsiones sexuales no desaparecen por mandato divino– eso no les quita lo criminales, debido a que sus pecados genitales llevan implícita la violación, con lo que transgreden una de las leyes más delicadas de los hombres en sociedad al atentar contra otro ser humano; pero además son de entre los delincuentes sexuales los más desalmados, pues atacan adolescentes y niños, son esos clérigos aterradores pedófilos. Debe quedar claro que ser homosexual no implica ser un delincuente, no tengo nada en contra de los que prefieren copular con gente de su mismo género, mientras sea en similares condiciones de edad —aunque siendo todos los involucrados en el acto sexual mayores de edad la diferencia de esta no bebiera importar— , madurez, sin presiones psicológicas, sin engaños y por acuerdo consensuado, justo así como fornica la gente decente, pero ser depredador sexual de menores al amparo de la fe católica, siendo homosexual o no, eso es una vileza que no debería tener perdón de Dios ni de las autoridades.
Y si los siniestros curas violadores son encubiertos por la Iglesia, ¿en qué se convierte la institución religiosa al protegerlos? Pues en una institución criminal, ya que sus prácticas de arrepentimiento y autoflagelación, los cambios de sede de los depredadores u ocultarlos en pueblos olvidados de Dios –pero bien presentes para la nómina eclesiástica– son sólo artimañas para alejarse del escándalo y del alcance de las autoridades judiciales, acciones que sólo son placebos azucarados para un añejo problema delictivo gestado en las entrañas de la Casa de Dios y perpetrado por sus representantes en la Tierra. Y aunque al parecer sólo es un pequeño porcentaje el de los perversos ministros católicos –se sabe de muchos casos, pero sin duda no son todos–, mientras la Iglesia los proteja o busque minimizar las desastrosas consecuencias de sus actos ¿en qué se convierten los que apoyan a esa “sacrosanta” institución religiosa, esos que misa con misa pagan el diezmo o la limosna?, cuando menos en cómplices, pero puede que sean procuradores del delito, pues al sostener económicamente a la Iglesia permiten la acción de los abominables ministros de la fe sexual.
Desde hace algunos años el periodismo de investigación ha jugado un papel clave para destapar las cloacas donde se esconden los libidinosos pecados de muchos miembros de la Iglesia católica, ante ello algunos altos jerarcas, incluso Juan Pablo II, Benedicto y Francisco, se han arrepentido, aunque sin rasgarse las sotanas, y han pedido disculpas públicas, han rezado innumerables plegarias por las víctimas de tan atroces crímenes y para redimir de las garras del diablo a los religiosos pecadores, pero su Dios no tiene potestad sobre las pulsiones sexuales y delictivas de algunos de sus fieles adoradores. El destape periodístico de abusos sexuales cometidos por religiosos y religiosas ha dado voz a las víctimas de los gozosos actos de los ministros religiosos, pero muchas veces los delitos han prescrito o las víctimas no buscan un seguimiento legal, o las autoridades no actúan con interés, celeridad y eficiencia —lo que en México es casi la norma—, y muchos de los perpetradores sexuales quedan impunes y practicantes.
Hoy nos toca a la sociedad castigar no sólo a los depredadores sexuales como delincuentes aislados, pues ellos operan al amparo de la Iglesia, organización integrada por muchos personajes de doble moral y simuladores; y ahí están los nombres de nuestras máximas monstruosidades mexicanas: Marcial Maciel, Nicolás Aguilar Rivera y Norberto Rivera Carrera. Por desgracia los casos abundan en todo el orbe, por ejemplo son aterradoras las acusaciones sobre trescientos miembros de la Iglesia en Pensilvania, Estados Unidos, donde se calcula que abusaron de más de mil niños o la aberrante historia de “la monja mala” de Argentina, Kosaka Kumico, que les escogía los niños más bonitos a los depredadores de la Casa de Dios. Castiguemos a la Iglesia, esa que le ha fallado a su Dios, a la sociedad, y que ha lastimado a tantos niños y adolescentes; ¿y dónde le va a doler más, si no le ha dolido bastante el sufrimiento de los inocentes como para hacer algo efectivo contra sus miembros criminales?, pues en el diezmo y la limosna, piense usted antes de soltar una moneda en la alcancía o la cesta que puede estar patrocinando a un sacrosanto depredador sexual de la Casa de Dios.
Relacionados
Diez años de escritura periodística
¿Será que la predilección de los sacerdotes católicos por ...
Hormiga en la fila
¿Será que la predilección de los sacerdotes católicos por ...
La Covid-19 y la responsabilidad de la gente
¿Será que la predilección de los sacerdotes católicos por ...
¿Cogerías conmigo?
¿Será que la predilección de los sacerdotes católicos por ...
Gana Mexicali Resiste: agua antes que cerveza en Baja California
¿Será que la predilección de los sacerdotes católicos por ...